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lunes, 19 de septiembre de 2016

SUEÑOS SIN SUEÑO - SANDRA LUCERO - PALABRAS SUBLIMADAS

Sueños sin sueño
 por Sandra Marina Lucero
 Buenos Aires
 Desde niña, muy chiquita me costaba mucho dormir por las noches, me asustaban los ruidos y las sombras, escuchaba el crujir de las persianas de madera del living, el canto de los grillos, que se volvía una especie de mantra nocturno en verano, las ranitas, del campo con que lindaba la casa de mis padres y los perros que aullaban a la luna o ladraban frenéticamente hasta la madrugada, enviándose secretos mensajes perrunos.
En fin, dormir era una tarea difícil, tal vez por eso nunca dormí siesta, necesitaba mucho cansancio para sucumbir a los deseos de la embrujada almohada.
 A veces, otras, muchas veces; me entretenía imaginando historias y en mis sueños; siempre sobrevolaba la calle de mi barrio con ese camisón de plush con florcitas que solía usar, con manguitas largas y puntillas. Nadie me veía, pero, recuerdo ver el auto de mi abuelo estacionado en la puerta, un Ford A de hace unos 80 años, color verde botella, de esos que usaban manija, no alarmas; pero que nadie se robaba.
Veía las casas de los vecinos, reconocía sus patios, sus perros, las sogas con ropa tendida en los fondos, revoloteando con la brisa de la madrugada. Me detenía siempre en el poste de luz de la puerta de casa, allí había enmarañados miles de cables, de teléfono, de luz y vaya a saber de cuantas cosa más. Ese poste siempre me llamó la atención.
Me pasaba horas al anochecer en la parecita de casa mirando a dónde irían esos cables. Había un nido de horneros ahí y me encantaba verlos arreglar el nidito.
Allí el vuelo se detenía y comenzaba a caer, caer y caer hasta que el sueño se hacía insostenible e intentaba llamarme a mí misma para despertarme. Sentía que me aferraba a la sabana y movía con muchísimo esfuerzo una mano y cuando despertaba me daba cuenta, con espanto que aún seguía dormida, entonces intentaba llamar a mi papá, ya eran las tres de la mañana; la hora en el que él se levantaba para ir al trabajo, él se acercaba a mi cuarto y mi voz entrecortada le decía:
–¡Paaa! ¿Me das agua? Él, que había tratado de hacer el menor ruido posible, me alcanzaba el agua, me daba un beso, me arropaba nuevamente y me decía:
 –Duérmase mi princesita de cristal.
Mágicamente descansaba, no había más vuelos, ni ruidos, ni grillos, ni ranitas; la madrugada se hacía envolvente y somnolienta, la brisa se sentía entrando por las ventanas y hamacando levemente las cortinas del cuarto, el zumbido de algún mosquito errante se fundía en mis oídos alejándose, mientras me sumía en un plácido sueño, tan profundo, que era como ser acunada en una nube, suave, acogedora y cálida; ahuecándose como un nido, o el almohadón de raso de un mimoso gatito ...así despertaba por la mañana sin sobresaltos y sin miedos.
 ¡Cuánto extraño ese vaso de agua a las tres de la mañana!
Hoy, entiendo los sobresaltos de mi pequeña hija por las noches, cuando cualquier ruido la despierta o las sombras de su cuarto la asaltan en monstruosas figuras imaginarias.
 Pasan muchos años a veces, hasta que nuestros miedos emergen en letras y forman palabras con las que pedir ayuda.
–¿Seremos capaces de escuchar esos pequeños gritos de auxilio?.. No es fácil oír las vocecitas de otros, si nadie acudió ante nuestro llamado de pequeños...
 –¡Paaa! ¿Me das agua?...

–Duérmase mi princesita de cristal.

SUEÑOS SIN SUEÑO - SANDRA LUCERO - PALABRAS SUBLIMADAS - EDITORIAL DUNKEN - 2016.

9 comentarios:

  1. Obra que deja traslucir el talento y la sensibilidad de la autora Sandra Lucero.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Lindísimo relato; más aún, bellísimo testimonio. Habría mucho más para decir, sin duda, pues hay innumerables detalles que lo hacen tan individual y colectivo a la vez.

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  4. Muy bueno poder reconocer y compartir los miedos, las emociones. Todo suma para aceptar y trascenderlos. Y cuánto sirve ese vaso de agua llevado a las tres de la mañana! Muy lindo recuerdo!

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  5. Muy bueno poder reconocer y compartir los miedos, las emociones. Todo suma para aceptar y trascenderlos. Y cuánto sirve ese vaso de agua llevado a las tres de la mañana! Muy lindo recuerdo!

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  6. Gracias, que lindo leer que a muchos a logrado transmitir la sensación de esa niña que fui y seguiré siendo mientras alguien lea este relato. Mil gracias

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  7. ¡qué hermoso relato! Qué hermosa manera de transmitir las emociones de la protagonista!!!!! Te felicito, es además muy tierno

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  8. Muy bueno!. Es un relato de transmisión, con lo vívido de niño se aloja lo infantil del otro cuando se es adulto. Gracias por compartirlo.

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