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martes, 11 de octubre de 2016

DESNUDA - MARIA CONSTANZO - PALABRAS SUBLIMADAS

DESNUDA
por María Celia Costanzo
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Ana se levantó como todos los días para ir a trabajar, con pocas ganas ya que su jefe hacía varios días que le venía reclamando un trabajo tan difícil como inútil.
Esperó el colectivo, cosa que detestaba porque la espera mínima usual de 15 minutos sumada al viaje promedio de 30 minutos le dejaba de regalo un do­lor de cintura abominable, que demoraba una hora en disiparse. Mientras tanto se entretuvo en observar lo que pasaba a su alrededor, el cafetero, el puestero de diarios, el vendedor de chipas con la canasta haciendo equilibrio sobre la cabeza. Observar esos detalles le hacía más llevadera la espera.
Finalmente llegó el colectivo y Ana ascendió rápidamente. Increíblemente encontró un último lugar libre al fondo del vehículo, agradeció a Dios su buena suerte y se sentó prontamente porque eso no sucedía muy a menudo, mejor dicho no sucedía nunca.
Cuando finalmente se sentó y el colectivo arrancó, Ana se dio cuenta de una horrorosa y terrible realidad: estaba desnuda, sí, total y absolutamente desnuda. O por lo menos eso era lo que ella creía. Aunque en realidad, lo más horroroso era que nadie se diera cuenta de ello, que nadie la registrara ni le hi­ciera un solo comentario al respecto, como si no existiera. Horrendas verrugas negras asomaban entre los dedos de sus pies, pelos negros y gruesos crecían entre sus pechos y se alargaban hasta el ombligo desprendiendo un fuerte olor a sudor, y de sus órganos genitales surgía un moco denso y asqueroso con olor a podrido. Ana, incrédula, se resistía a creer que nadie, excepto ella, viera o percibiera tales repugnancias.
Empezó a mirar a la gente a la cara para ver si obtenía alguna indicación que le diera una señal de lo que ella creía era verdad, pero nadie parecía inte­resado en su dilema. ¿Cómo podía ser, pensaba Ana que nadie se diera cuenta que ella estuviera ridículamente desnuda y no se lo dijera?
Finalmente llegaron a destino y Ana bajó del colectivo aterrorizada, todavía pensando qué le diría la gente cuando la viera, pero nadie parecía percatarse de su estado. Cruzó la plaza corriendo desaforada hacia el edificio de su trabajo que distaba a dos cuadras de allí... las cuadras parecían estirarse indefinidamente, no llegaba nunca, el camino se hacía eterno, Ana continua­ba mirando a la gente para ver si obtenía alguna señal o comentario sobre su aspecto...
Hasta que de repente sucedió lo más temido... un grupo de alumnos senta­dos en un banco de la plaza que estaban esperando entrar al colegio comenzó a reírse sin parar, gritando y repitiendo “bruja”, “bruja”, en clara alusión a ella. Ana aterrorizada se dio cuenta y comenzó a correr alejándose de ellos lo más rápido que pudo hasta que finalmente pudo entrar a su edificio.

¿Qué habría pasado que solo los niños se habían dado cuenta que ella estaba desnuda? Esta pregunta le carcomió el cerebro durante todo el día hasta el horario del almuerzo... ¿Y si su perceptivo jefe se diera cuenta? ¿Qué pasaría? ¿Tendría él la misma facilidad que los niños para ver lo que los demás no habían podido? Ana no lo pensó demasiado... fue hasta el office, buscó una cuchilla y se dirigió hacia la oficina de su jefe, se paró detrás de la puerta y esperó pacientemente... su agenda marcaba que llegaría pronto.

7 comentarios:

  1. Hermosa Obra Maria Constanzo. Te felicito

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  2. Hermosa Obra Maria Constanzo. Te felicito

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  3. SOLO FUE UN TRISTE Y AMARGO SUEÑO, ES MI PENSAMIENTO COMO YO LO SIENTO Y LO VEO....MUY BUENO GRACIAS A LA AUTORA!!!

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    1. Hola Dany, gracias! Efectivamente... fue una pesadilla jaja

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  4. Qué historia triste....y tan llena de sentimiento..Me encanto

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