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sábado, 31 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD - SILVIA BAZAN

Feliz Navidad

Subí al tren de madrugada, en No Se Sabe, con destino a Ningún Lugar, vagón 12, asiento 25 junto a la ventana, (casualmente un 25 de diciembre);  al lado de un anciano, que venía de No Sé Dónde, se alegró de verme, deseoso de tener a quien hablarle, sin importarle siquiera si estaba dispuesta a escucharlo, me contó que había sido arriero en sus años mozos, inmediatamente, mirando por la ventanilla me dijo:
-¡Si habré campeado estas llanuras llevando hacienda!
Dejando a “la buena de Dios” a mi china, al cuidado de los changuitos, las gallinas los cerdos y la quinta.
Voy a pasar  navidad con mi hermana, ya para despedirme, estoy viejo, no me queda mucho hilo en el carretel.
El sol comenzaba a alumbrar llegando al primer pueblo, Almada, los adoquines de la calle principal se platearon un momento; ni un alma bajó, ni un alma subió; el guardia pitó y el tren comenzó a moverse despacio, pero aumentando lentamente hasta alcanzar velocidad, cruzamos puentes de hierro, arroyos, ríos y lagunas con sus teros, vacas y caballos.
El anciano arriero, apretaba con celo un envoltorio en su falda, adivinando mi curiosidad, agregó:
- Llevo pelones, orejones y nueces de regalo, a mi hermana le encantan.
En el horizonte el sol dibujaba espejismos de malones de indiadas y de batallas independentistas, la espesa vegetación se trenzaba en lucha con los postes de electricidad.
El mediodía estaba encima, lo visualicé al llegar al siguiente poblado De Mala Muerte, la sombra estaba abajo del tren, la estación era absolutamente blanca, como queriendo purificar su nombre.
Como en un ensueño, producto del calor y el vaivén del tren, escuché el relato que me contó el arriero:
-El­­  nombre del pueblo se lo debe al asesinato del primer médico que llegó a ese paraje, a manos del bolichero, que dicen, que lo encontró con su mujer.
A medida que el tren avanzaba la gente descendía en las distintas estaciones, solo quedamos dos pasajeros, ya nadie va a Ningún Lugar.
El guardia pasó anunciando la última parada, nos preparamos para bajar; se negó a recibir mi ayuda con sus bártulos, en una mano sostenía el regalo y el bastón y en la otra una vieja maleta de cuero marrón, una sola persona esperaba ansiosa en la estación, era mi madre.
Se abrazaron y lloraron, hasta que se desahogaron; yo permanecí inmóvil observando la escena.
Iba a ser una Feliz Navidad.






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