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lunes, 16 de enero de 2017

EN SUS MANOS -MARIA LAURA ALTAMIRANO - PALABRAS SUBLIMADAS

EN SUS MANOS
por María Laura Altamirano
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
“Jugando al huevo podrido, se lo tiro al distraído,
el distraído no ve, y huevo podrido es...”
Con mi hermana, girábamos hasta marearnos y caer como borrachas. Nos reíamos porque al parar de girar salíamos caminando de costado y nos caíamos.
Girábamos muy rápido, con los brazos abiertos y el aire golpeándonos la cara.
El campo, mi casa y el cielo se confundían mezclándose en la velocidad del giro. Era una sensación de miedo y libertad; de freno y desenfreno.
Yo jugaba con ella pero mis pensamientos se iban para otro lado cuando miraba el cielo.
No sé por qué pensé en las mujeres que no se habían casado y a las que la gente llamaba “solteronas”. Esa palabra me asustaba. Pensaba que si yo no me casaba, a mí también me iban a llamar “solterona”. Por eso, al girar mirando al cielo, me pregunté si bajo ese cielo estaría mi amor.
Ya había aprendido en la escuela que había un mundo enorme lleno de gente y que el lugar donde yo vivía era como un puntito perdido en esa inmen­sidad. Eso me hacía pensar que, tal vez, mi amor estaría en un lugar lejano y no ahí, en mi pueblo. Entonces yo me quedaría “solterona” porque no sabría adónde ir a buscarlo y seguro que no tendría plata para viajar tan lejos porque mi papá no ganaba mucho. Además, papi, sólo tenía una bicicleta de carrera que, si bien andaba rápido, no nos iba a servir para nada.
O tal vez, mi amor sí podía venir a buscarme. Y esa era la única opción que tenía. Tal vez él, si estaba en un lugar muy lejano a mi pueblo y se enteraba dónde estaba yo, vendría a buscarme.
Creo que el sueño del Príncipe Azul había empezado a hacer efecto en mí.
Y bueno, no me quedaba otra cosa que esperar, total yo tenía siete años y para eso faltaba mucho. Para casarme digo.
No me animé a preguntarle nada a mi mamá porque iba a pensar que yo estaba queriendo tener novio y me daba vergüenza.
Al día siguiente cuando llegué a la escuela, vi que Paco bajaba del auto de su papá con un “globo terráqueo” gigante.
–Acá está el mundo, –gritó– lo tengo en mis manos.
Todos los chicos corrimos hacia el escritorio de la señorita María Elena, donde Paco acababa de colocarlo. Nos contó que había ido a Gral. Villegas a comprarlo con su papá para que pudiéramos ver bien la posición de los países. Estábamos todos asombrados de ver que Cuenca, nuestro pueblo, era un pun­tito diminuto en el globo.
Cuando Paco lo hacía girar rapidito y se confundían el agua y la tierra, me acordé de mis giros y de mi amor. Ese amor que seguro estaba en algún lugar del mundo. En algún lugar de ese globo que Paco hacía girar velozmente como él quería. Me perdí en esa velocidad y sólo veía una mancha de colores entremezclados.

Entonces, supe que Paco tenía a mi amor en sus manos.


4 comentarios:

  1. Hermosa historia María Laura Altamirano! Gracias

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  2. María Laura, me encantó la historia y esa voz infantil es inconfundible! Felicitaciones!

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  3. Muchas gracias, Mirta. Traté de que realmente fuera interpretado con la voz de esa niña. me alegra mucho que se pueda captar.

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