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miércoles, 10 de mayo de 2017

HISTORIAS ENTRETEJIDAS DE MODERNIDAD Por Camento Jurabildo, observador y casi filósofo urbano.



Me desplazaba por Ciudad Caótica con mi “bicinave” disfrutando de horizontes de ideas contradictorias, pensamientos sobre los contrastes edilicios, urbanos,  cronológicos y sociales, viendo gente acampando en las calles como aceptando un destino inevitable, en sus caras podía leerse incomodidad y enojo, como una costumbre. Llevaban más bien el momento con esa dignidad que admiro profundamente y que considero una de las virtudes del ser humano: aceptar lo inevitable, resistir al remolino de la desesperación.  Pensé: -Si alguna vez tengo que aceptar algo como inevitable, quiero que sea de esa manera.

Entrando en los bosques del Parque 3 de Febrero me crucé casualmente con mi amigo Rolf, una persona que sigue mis escritos por Facebook y ocasionalmente replica mis observaciones urbanas.

En ese momento decidimos interrumpir el periplo, para él de despeje y para mí de obstrucción y confusión mental.

Mi ocasional acompañante es una especie de troglodita transportado del precámbrico a la sociedad actual y cuando conversamos presenta una mezcla de pensamientos e ideas, que me dejan con la sensación  de estar surfeando dentro del vaso de una licuadora en marcha. Como cualquier consumidor de redes sociales, mi lector se ve expuesto a todo lo publicado por cualquier persona que tenga ganas de publicar algo y está muy bien, entendiéndolo desde la democratización de la expresión, en donde todos pueden exponer lo que quieran. Mi confundido amigo trajo dos comentarios que le costaban entender; uno respecto de una joven celebrity urbana con todo su cuerpo tatuado; otro, de otra joven que había hecho un tratamiento para bajar de peso y que por esos hechos puntuales y banales, se reproducía información y fotos sobre ellas en los medios y se replicaban en las redes.

Mientras intentaba mostrarle mi interés por lo que comentaba, lo vi extrayendo su smart phone con la intención de mostrarme un mensaje recibido hacía pocos días y remitido por una persona que él conocía muy bien, ya que habían compartido los baños de calor y el spa, y que lo tenía perplejo.  Me lo mostró y pude ver imágenes y textos de una mujer muy sensuales y en actitudes provocativas, le pregunté qué era lo que lo turbaba tanto respecto del mensaje y me dijo:

-Se llamaba Roberto y hoy es Melania, entiendo que la sexualidad sea una elección, e incluso a veces es algo que no puede elegirse y no se puede vivir una vida siendo algo que uno no siente. Entiendo la homosexualidad, los géneros en lugar de los sexos, los trece géneros reconocidos por la OMS, pero ¡Roberto se hizo castrar e hicieron de su pene una vagina! Además de un buen par de tetas.

Las imágenes se multiplicaban en mi cabeza hasta el infinito como sucede en los espejos de algunos ascensores y no pude menos que remitirme a las ideas con las que comencé mi paseo y éste relato.

Me encontraba en una situación de no poder clarificar los pensamientos de mi interlocutor, e incluso ni los míos propios. Solo se me ocurrió decirle una frase remanida que había escuchado hasta el hartazgo:

-¿Dónde van los pájaros cuando mueren?

Mi troglodita y antidiluviano amigo cambió su emoción y su rostro de inevitabilidad circunstancial,  me agradeció lo que en sus propias palabras calificó como el  profundo y clarificador pensamiento que le había regalado y partió raudo en su bicicleta a disfrutar del paseo y del día.

Yo me quedé con la misma confusión de los pueblos víctimas de los gobiernos falsamente garantistas que promueven la inseguridad y la muerte de los ciudadanos dejando salir a los presos condenados. Una sensación de infinita angustia provocada por miles de historias e imágenes entretejidas de modernidad social, aunque no de bienestar y salud.






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