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viernes, 9 de junio de 2017

CAMENTOGRAFIAS Por Camento Jurabildo, observador y casi filósofo urbano.




Bajé de mi “bicinave” y salí a correr por el Parque Lezama porque necesitaba sentir el rigor de correr barranca arriba, para ver si las pulsaciones cardíacas y la oxigenación me sacaban de estas tremendas dudas cartesianas, en los tiempos de la post verdad o de la pre mentira y del culto de la inmediatez, en que nos encontramos sumergidos.

“No sé lo que quiero, pero que sea ya”. Parecemos estar en búsqueda del placer y de la excelencia en forma inmediata, urgente, impostergable, inminente e imperiosa.

Buscando respuestas en la política, encontré solo frases inconexas y de sentido dudoso o tendencioso: "Hay que poner una bisagra al continuismo", "No podemos especular con el hambre del pueblo”, “El salario no será la variable del ajuste", "Esto es culpa del neoliberalismo (en el país más dirigista del mundo)"  son mis frases preferidas, rescatadas de las viñetas populares del político Argento,  desde hace muchos años.

Fui a buscar respuestas a la psicología y recordé una anécdota en la que Elvis Presley, el “rey del rock”, viajó varias horas en su avión privado acompañado por toda su comitiva hasta la Ciudad de Denver, quemó miles de litros de combustible y movilizó a toda su corte para atosigarse en solo unos minutos con unos bocados, que pensó le brindaría un placer inconmensurable y por cierto, efímero.

Luego, anduve investigando las neurociencias y tendencias del nuevo pensamiento y las respuestas parecieron tan atractivas como complicadas; aparentemente, solo hay que hablarle a tus células y las ondas electromagnéticas que nos atraviesan y hacen que nos sintamos atraídos o alejados de otros, indicándonos con quienes tenemos afinidades para sentirnos bien y obtener el tan ansiado placer.

A esta altura ya me encontraba recorriendo no solo la subida de la barranca del Parque Lezama sin oxígeno suficiente, sino que me vi en el libro (o la obra) de Julio Cortázar, “La vuelta al día en ochenta mundos posibles y sin respuesta.

Supongo que por la falta de circulación adecuada, recordé a mi padre y sus conductas traídas desde el pasado, diciéndome: “Las conductas  pasan de generación en generación, hace muchos años tu abuelo me enseñó que cuando una llave de doble paleta se traba, hay que cortar una de las dos paletas y meterla en la cerradura hasta que se destrabe”, “Tenés que pararte en el pedal derecho de la bicicleta y presionarlo para salir pedaleando, levantando el pié izquierdo”. Afortunadamente, recuperé el aire en la bajada y me olvidé de las indicaciones paternas, no parecían ser una respuesta.

Llegando a la calle Brasil, tomando un terreno más llano, mis pensamientos parecían contar con el combustible necesario para seguir hurgando en la memoria celular, así que le hablé a mis neuronas implorando una respuesta y solo recordé un párrafo escrito en algún momento: "La oportunidad se encuentra justo en el medio de las dificultades y la solución está a dos pasos de la crisis". “Aprendizajes poderosos son posibles, si tenés la capacidad de mirar desde las posibilidades, sin cerrarte en la emoción de una conversación de no posibilidad”.

Supongo que, ni correr ni pensar parece ser lo mío, de todas maneras intentaré lo siguiente: Tal vez y solo tal vez, la respuesta no sea “Un día en ochenta mundos” sino, “Para todos, todo!” Un mundo en donde quepamos todos y como un impulso desde el alma y desde la emoción que abre posibilidades.

Comencé a abrazar gente desconocida, transeúntes de la tarde otoñal, que en principio me rechazaban, luego con un poco de desconfianza, con  la posibilidad de ver las cosas diferentes, de hacer y provocar un cambio a la desconfianza con la que nos movemos en Ciudad Caótica, comenzaron a participar de la experiencia del abrazo humano. Terminamos abrazándonos entre muchísimas personas, comencé a ver sonrisas, a ver gente riendo, a gente a las carcajadas por la sorpresa de la propuesta de un abrazo humano aparentemente sin motivo pero con mucho sentimiento. Compartiendo una experiencia, que cualquiera hubiera definido como “rara” y definitivamente fue beneficiosa para todos los que participaron.

Luego de las autofotos de rigor que nos hacen obligatoriamente presentes y visibles en el mundo digital, regresé por mi bicinave, pensando en que hay gente que solo vive en las redes sociales a través de las autofotos, las que parecen ser la única manera o el único motivo, de encuentros, nacimientos, reuniones, etc.

Puede que darnos un abrazo sea el placer más rápido, barato, y efectivo. Luego, varios días después encontré un texto de Elsa Punset donde detallaba que hacen falta solo seis segundos para “desatar por completo la química” reconfortante del contacto humano. Sobre todo, se trata de la dopamina, un neurotransmisor que motiva y recompensa a nuestro cerebro en las experiencias gustosas.

También es la culpable de “felicitarnos” cuando satisfacemos una adicción.


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