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viernes, 16 de marzo de 2018

TÚNELES Y PATAS DE CONEJO Por Camento Jurabildo, observador y casi filósofo urbano.




“Túneles y patas de conejo”
Por Camento Jurabildo, observador y casi filósofo urbano.



Tarde gris de clima lluvioso de un domingo cualquiera, un espanto para los seres melancólicos. Soy sensible, me impacta esta imagen. Tengo como un revoltijo (que feo suena) de pensamientos de la semana que me surgen permanentemente, que con el tiempo y las prácticas de autoindagación, he aprendido a dejar salir a la superficie, no solo eso, incluí una práctica con preguntas simples, ¿Qué quiero? ¿A qué me remite esto? ¿Para qué estoy sintiendo lo que siento?
En la semana he estado recorriendo “La manzana de las luces” y sus túneles e historias, debido a que  estuve trabajando ocasionalmente por la zona y no quise dejar pasar la ocasión. En esta misteriosa Ciudad Caótica, desde sus inicios las historias parecen estar relacionadas con actividades oscuras, desde el uso de los túneles para actividades de contrabando o de defensa por carecer de una fortaleza que la protegiera, hasta la anécdota que narra que los alumnos del “Colegio Nacional Buenos Aires” los utilizaban para escaparse, usando el que nace en la cocina. El término “ratearse” que conoce cualquier estudiante, se habría originado aquí, por la convivencia con los roedores que también pueblan nuestra Ciudad.
No veo casual que el juego más popular de cartas se llame “Truco” y basa sus habilidades en la mentira. 
Pensé que tal vez, y solo tal vez, estos orígenes nos definen y han marcado el accionar y forma de pensar de fanáticos, que nos hacen mantener una posición, aún sabiendo que los resultados que obtenemos como sociedad y como país son bastante malos. Siempre nos debatimos, lindando con una suerte de realismo mágico, en donde pretendemos que todo nos sea otorgado sin esfuerzo ni trabajo, y que siempre es mejor si el esfuerzo lo hace otro pero los resultados los compartimos, o mejor aún, si los resultados nos caen de regalo celestial como maná del cielo. 
Son extrañas y complejas nuestras formas de pensamiento y luego definen nuestras acciones, siempre pensamos que alguien nos debe algo, elaboramos teorías conspirativas y les cargamos las culpas de nuestros magros resultados a los “Poderes concentrados” y consideramos  que no son buenos, no por nuestra exclusiva responsabilidad sino porque en un sótano de Manhattan o de Londres o de Tokio, se juntan unos seres reprochables y anti sociales elaborando planes de destrucción de nuestro país y sociedad y nos quieren robar el agua potable y los minerales del subsuelo .
Nos regocijamos en esa costumbre de volver a aplicar viejas y fracasadas recetas, pensando con esperanza de reivindicación, que esta vez los resultados serán buenos y así continuamos debatiéndonos en los mismos y reiterados temas de siempre. 
Recordé una pata de conejo, que tenía como amuleto en un llavero cuando era chico, me la había regalado uno de mis abuelos, me dijo que podía pedirle lo que quisiera como si fueran deseos y que estos se iban a cumplir, aunque él sugería pedir siempre “cosas razonables”. Hoy, muchos años después creo que si pudiera pedir cualquier cosa, seguramente pediría algo que significara una diferencia en mi vida, como la que tengo me divierte y me gusta, y aunque siempre estoy buscando hacer algo diferente, resuelvo esas diferencias con trabajo y no pidiendo deseos.
Durante las últimas semanas en las redes sociales, se ven comentarios que preguntan públicamente “en dónde se encuentra un dirigente social” que no aparece por ningún lado, y como preguntar al aire “en dónde está” me parece poco productivo,  podría utilizar mi amuleto para desear que aparezca con vida y sano. Como también podría reflexionar sobre lo ocurrido, elijo este último camino, que me suele dar mejores respuestas.
Considero que está dentro del marco de mi obviedad, que en un estado democrático y de derechos nadie debe desaparecer, nadie debe morir en forma violenta y debe ser cuidado y protegido por las autoridades civiles, esta claro que esto no es así y que durante varios gobiernos democráticos pasó que la gente desapareció.  Dejo fuera de esta reflexión debido a  su irracionalidad y violencia, la desaparición y muerte de personas en regímenes violentos o dictaduras, tanto de origen democrático, como revolucionario.
¿Qué suponemos que va a pasar cuando preguntamos al aire dónde se encuentra tal o cual persona? No va a pasar nada. No le estamos preguntando a nadie y cuando nos dirigimos a nadie, nos dirigimos a todos también, solo que nadie considera que deba responder. Cuando sectorizamos los pedidos tampoco estamos siendo efectivos, lo que deberíamos pretender es que termine la violencia en cualquiera de sus formatos, mas si vienen de sectores que no cuentan con representatividad democrática y pretenden imponernos sus pensamientos y formas, como ocurre, ocurrió y probablemente ocurrirá acá y en el mundo.
¿Qué pensamos que va a ocurrir cuando se organizan marchas del estilo contra la violencia de género o “ni una menos”? No va a pasar nada más que una bonita marcha con aires reivindicativos de un sector pero no va a cambiar nada. Somos muy poco efectivos cuando no incluimos a otro que puede sufrir las mismas condiciones afuera de la marcha. 
Los extremismos, las violencias sectoriales, los fanatismos, la imposición de un sector sin representación sobre otro sector, no nos está conduciendo a vivir mejor. Si pretendemos lograr resultados de esta manera, ya hemos visto que no lo logramos aunque organicemos coloridas marchas y destrocemos el centro de la Ciudad o les cortemos el tránsito a los automovilistas.
Si contara con mi adminículo para pedir deseos, quiero pedir algo que valga la alegría, quiero pedir una vida mejor y más saludable y con mejor humor para todos, que dejemos de pensar que vamos a construir algo que signifique una diferencia positiva en nuestras vidas, si lo hacemos desde el rencor, la reivindicación de los derechos inalienables de solo unos pocos y desde los egoísmos sectoriales.
Necesitamos un mundo que nos incluya a todos.

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